Diagnóstico: lo que el sexto informe de sanidad de FEDEA nos dice sobre la salud en España (y su evolución)
Más allá de la longevidad: el 'think tank' presenta un sistema “moderadamente optimista” que esconde 16 indicadores preocupantes, desde la salud mental hasta la creciente desafección ciudadana.
En el complejo debate sobre las políticas públicas, la objetividad es el bien más escaso. Es fácil caer en la anécdota o en la trinchera política, especialmente cuando se habla de algo tan sensible como la sanidad. Aquí es donde el trabajo de los think tanks debe ser especialmente valioso para contribuir conocimiento y promover un debate informado, serio y no partidista sobre cuestiones relevantes para las políticas públicas, a partir de datos y evidencias, a riesgo de ser incómodos. Lo cierto, es que el informe, con todo, evidencia y subraya tendencias en las que existe consenso por parte de los expertos del sistema sanitario español y de economía de la salud.
Evidentemente, como buen think tank, su función no es dictar la política, sino encender la luz. Con este preámbulo, la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA) ha publicado su Sexto Informe del Observatorio de Sanidad, elaborado por los investigadores Sergi Jiménez-Martín y Analía Andrea Viola, proporcionando un panel de datos verificado que permite a los legisladores, gestores y ciudadanos debatir sobre la base de la realidad, no de la percepción interesada.
A mi juicio, lo más importante del informe, además de dejar patente los aspectos preocupantes y en los que se aprecian tendencias preocupantes y de empeoramiento de nuestro sistema, es que debe constituir una llamada de atención ciudadana y de demanda cívica para requerir políticas públicas de salud que eviten que los elementos de deterioro de nuestro sistema sanitario sigan erosionándose, para abordar los orígenes de la desafección ciudadana en su percepción pública.
No hay que olvidar que las encuestas del CIS en la que se pregunta sobre percepción del problema de la sanidad, fijan su atención en el efecto directo para las personas entrevistadas, esta cuestión se sitúa en el tercer problema más importante para los españoles. Es decir, hay una campaña silenciosa que afecta al clima ciudadano y a la confianza (o en la desconfianza) en materia de salud y en los servicios públicos.
El diagnóstico general: luces y sombras
El informe 2025 de FEDEA clasifica 31 indicadores clave en cuatro categorías con las que identifica señales de advertencia en función de su dinámica y evolución desde informes precedentes:
🟢 Positivos: 12 indicadores
🟠 Preocupantes: 16 indicadores
🔴 Negativos: 3 indicadores
⚫ Muy Negativos: 0 indicadores
La conclusión general es de un “moderadamente optimismo” , pero el hecho de que los indicadores “preocupantes” (16) superen a los “positivos” (12) marca los riesgos de empeoramiento si no se aplican políticas preventivas adecuadas.
Las luces: un país de vidas largas
Empecemos por los datos duros. España presenta abundantes cifras admirables. España sigue siendo un referente mundial en longevidad. La principal noticia positiva es que la esperanza de vida al nacer ha recuperado los niveles prepandemia, situándose en 84 años, liderando la clasificación europea y una de las más altas del mundo.
Las sombras y fisuras: la calidad de vida y la percepción ciudadana
Aquí es donde el informe de FEDEA enciende las alarmas. La longevidad es alta, pero la calidad de esa longevidad está en duda.
1. La gran paradoja: vivimos más, pero no mejor
El indicador más alarmante es la esperanza de vida en buena salud (años vividos sin limitaciones). Este indicador ha retrocedido y sigue sin recuperarse desde 2019, afectando de manera más pronunciada a las mujeres. Vivimos más años, pero un porcentaje mayor de esos años es con peor salud. A ello se unen otros indicadores que empeoran o son preocupantes como los relativos a estado de salud percibido, enfermedades crónicas, accidentes de tráfico o la frecuencia de accidentes de trabajo.
2. La crisis y desafección de la confianza ciudadana en el sistema de salud.
El Informe revela un “cierto debilitamiento en la percepción” del sistema. El dato es contundente: en 2019, solo un 4% de los españoles creía que el sistema necesitaba “rehacerlo completamente”. En 2024, ese porcentaje se ha cuadruplicado hasta el 16%.
Por otro lado, existen desigualdades autonómicas (inequidades) en gasto sanitario per cápita, no siempre justificadas por factores como envejecimiento o nivel socioeconómico, así como la percepción de que es un sistema saturado, burocrático y con una respuesta desigual según el código postal que evidencian una gobernanza institucional también fragmentada, con competencias solapadas entre Estado y CCAA, y sin mecanismos eficaces de coordinación.
3. El creciente atasco de las listas de espera quirúrgicas y diagnósticas
Siguen siendo un problema “preocupante”. La percepción ciudadana es muy negativa: el 36% cree que han empeorado en el último año, y solo un 8% que han mejorado.
Los datos objetivos de 2024 apenas ofrecen consuelo. Aunque hubo un ligero descenso, la mejora es mínima: el tiempo medio de espera bajó solo un 2% (dos días) y el número de pacientes en espera estructural descendió un 0,35% (apenas 3.000 pacientes menos).
Los cuellos de botella se acumulan: una atención primaria infradotada, mal organizada y poco atractiva para los profesionales, alentando una fuga de médicos jóvenes que no encuentran condiciones dignas ni incentivos de carrera.
El informe es especialmente duro en este punto: no basta con seguir inyectando dinero al sistema si los incentivos internos siguen mal alineados con los objetivos de calidad, atención y cobertura. Son necesarias micropolíticas basadas en la evidencia empírica y en sus resultados de progreso y avance.
Invertir sin transformar es financiar la inercia.
4. Las “nuevas” epidemias: cronicidad y salud mental
El informe constata el aumento de la incidencia de enfermedades crónicas y mentales.
Enfermedades crónicas: La Encuesta de Salud 2023 muestra un aumento de 4 puntos porcentuales en la incidencia de migraña o dolor de cabeza frecuente y de 1 punto en la tensión alta, comparado con 2020.
Salud mental: La proporción de muertes por desórdenes mentales en España (5,2%) se sitúa ligeramente por encima de la media de la UE (5,0%). La brecha de género aquí es notable: en mujeres, la tasa asciende al 6,8%.
Radiografía del sistema: gasto y empleo
FEDEA, como think tank económico, analiza también la sostenibilidad del sistema desde el punto de vista económico y de recursos:
Gasto sanitario: Aunque el gasto como porcentaje del PIB se mantiene en la media de la OCDE (con una cierta tendencia a la reducción) , el gasto per cápita es inferior al promedio internacional en cerca de 400 euros. Por otro lado, el gasto farmacéutico hospitalario sigue creciendo fuertemente (un 10% en 2024), impulsado por los tratamientos oncológicos.
Empleo sanitario: Aquí el informe ofrece una visión matizada.
Contratación: La reforma laboral de 2022 ha tenido un impacto positivo notable. El informe destaca un “notable crecimiento” de la fracción de empleo indefinido y la consiguiente caída de la temporalidad.
Salarios: Sin embargo, esta mejora en la estabilidad no se ha visto acompañada de una mejora salarial comparativa. Los salarios relativos (el sueldo de un sanitario comparado con el salario medio de la economía) “no abandonan la senda decreciente”
En el informe se analizan cuestiones que están ahora mismo encima de la mesa: la evaluación de tecnologías sanitarias, la necesidad de reforma de los recursos humanos en el sector sanitario en materia de selección y retención del talento, el papel de la salud pública, así como los planes de atención primaria y de salud mental, así como la fragmentación del sistema de salud en el caso del aseguramiento de los funcionarios a través de MUFACE.
La conclusión: más allá de la autocomplacencia
Por tanto, hay conclusiones que deben conducir a la reflexión:
Más gasto no implica mejor sistema si no se transforma su arquitectura institucional.
Las desigualdades territoriales no son un fallo colateral: son una consecuencia directa del diseño actual.
La calidad de vida sanitaria (no solo la supervivencia) debe ser el nuevo estándar de evaluación.
La atención primaria no es una puerta de entrada: es el corazón del sistema. Si no se refuerza, todo lo demás colapsa.
En definitiva, el Sexto Informe del Observatorio de Sanidad de FEDEA reúne datos importantes y apunta a ciertas realidades. Demuestra que, si bien España mantiene fortalezas evidentes (como la longevidad, universalidad y extensión del derecho a la salud), los cimientos de la calidad de vida, la equidad (especialmente la territorial) y la sostenibilidad financiera muestran una “preocupación creciente” que conduce a repensar su arquitectura institucional, su necesidad de transformación, de modernización y de reinversión en lo que son los servicios públicos vitales para las personas.
También, los resultados del informe nos debe inducir a analizar respecto de como se está gestionando lo que ya tenemos, nuestro Sistema Nacional de Salud, del que estamos como país y como sociedad especialmente orgullosos por lo que, volver a recuperar la confianza ciudadana, debe ser también un objetivo compartido.
Conducir, humanizar y mejorar el derecho a la salud, a partir de la eficacia social de la inversión y gasto público en salud, con un sistema sanitario y de salud bien organizado, integral, basado en la continuidad asistencial, con criterios de integridad, universalidad, eficiencia, continuidad asistencial y equidad es un objetivo irrenunciable para las políticas públicas y para la mejora de los derechos sociales ciudadanos.



